“Pienso en todo esto porque hay en Paisajes de la capitanía general de Jorge Polanco una lectura y mirada de pájaro-ángel. Retornando a la cita de Klee con la que abrimos este texto, pareciera que estamos ante un cronista al que le nacieron alas para desprenderse de las ruinas y pensar el pasado. Y es que mirar el pasado a ras de la tierra, a modo de un travelling, puede ser, como decían los Cahiers du cinema, un poco abyecto. De este modo, el autor, como un ave migratoria (así se define incluso en la última crónica) recorre diversos espacios –Valdivia, Valparaíso, Santiago– y tiempos –la época de la Unidad Popular, la dictadura y el indeterminado o interminable Chile neoliberal de postdictadura–, recurriendo a diversos soportes de imágenes técnicas y mentales, vivencias –reales o ficcionalizadas–, películas, libros, videos de youtube”
(Laura Latanzzi, presentación del libro Paisajes de la capitanía general, de Jorge Polanco)
Para desprenderme de mis ruinas, me hacía falta tener alas. Y volé. En este mundo destrozado ya no me vinculo más que para recordar, así, tal como a veces se piensa en algo pasado
Paul Klee, Diario
Hace pocos meses fuimos con Celeste, la hija de Jorge Polanco, a ver la muestra de Paul Klee. La exposición no traía necesariamente las obras más icónicas del artista, pero sí trataba de rescatar ese espíritu que algunos sitúan entre la abstracción y el primitivismo. La muestra presentaba dibujos, pinturas, acuarelas, títeres, fotografías, documentos y herramientas del taller del artista. Cuando salimos le pregunté a la niña “¿qué fue lo que más te gusto de la exposición?”
“Los ángeles”, me respondió…
¿Los ángeles, una serie de dibujos, que en su mayoría se trata de trazos simples hechos en lápiz, sin colores, fue lo que más llamó la atención de la niña en toda la muestra? Inmediatamente pensé en su filiación, es hija de Jorge Polanco.
Y menciono esto porque efectivamente cuando leí Paisajes de la capitanía general (Editorial Komorebi, 2022) no pude evitar recordar los ángeles de Klee, que hoy quisiera evocar. El más conocido de la serie es el “Angelus novus”, al que Walter Benjamin se refiere en diversos escritos, sobre todo en “Tesis sobre filosofía de la historia”. Allí nos habla de un ángel que está a punto de alejarse de algo que lo aterroriza, de ojos y boca grande y abierta, las alas están desplegadas. El ángel mira hacia el pasado que arroja por delante ruinas.
“Quisiera el ángel demorarse, despertar a los muertos, reunir a los vencidos, pero una tempestad empuja irresistiblemente hacia el futuro al que da la espalda” (Tesis IX). Un ángel empujado hacia delante pero que hace una torsión hacia el pasado, y en esa torsión mira fijo, como buscando a alguien que, frente a la herencia del pasado, testimonie su acción en el presente, o quizás pueda hacerlo él mismo desde su privilegiado punto de vista, con su mirada panorámica de ave sobre el paisaje. Pero hay también un gesto de impotencia: por más que quiera detenerse (a despertar a los muertos y reparar lo destruido), no puede. Existe entonces en esta figura una relación con el pasado que quiere testimoniar la catástrofe en el presente, ofrecer un grado de legibilidad más crítico sobre lo que ve desde arriba, de ese paisaje de ruinas, pero es continuamente desplazado hacia delante (hacia un futuro, una promesa de progreso).
Pienso en todo esto porque hay en Paisajes de la capitanía general de Jorge Polanco una lectura y mirada de pájaro-ángel. Retornando a la cita de Klee con la que abrimos este texto, pareciera que estamos ante un cronista al que le nacieron alas para desprenderse de las ruinas y pensar el pasado. Y es que mirar el pasado a ras de la tierra, a modo de un travelling, puede ser, como decían los Cahiers du cinema, un poco abyecto.

De este modo, el autor, como un ave migratoria (así se define incluso en la última crónica) recorre diversos espacios –Valdivia, Valparaíso, Santiago– y tiempos –la época de la Unidad Popular, la dictadura y el indeterminado o interminable Chile neoliberal de postdictadura–, recurriendo a diversos soportes de imágenes técnicas y mentales, vivencias –reales o ficcionalizadas–, películas, libros, videos de youtube.
Paisajes de la capitanía general se ordena en tres grandes capítulos: “Familia militar”, “Paisajes” y “Actores secundarios” que comprenden una gran variedad de textos breves e ilustraciones del mismo autor.
En “Familia militar” Polanco se pregunta por la herencia de la dictadura que observa como ruina en la vida actual cotidiana (o infraordinaria): los hijos de marinos criados bajo pedagogías de la tortura que se han acomodado a la vida actual y se declaran “felices”; los miedos de un ex agente de la DINA actualmente vendedor de jaulas de pájaros en una feria; la represión a los jóvenes de la revuelta del 2019 que en el relato se mimetiza con la represión sufrida por el autor y sus amigos durante la adolescencia. En este apartado la mirada se desplaza entrelazando espacios y tiempos, la dictadura se actualiza en el presente y se mezcla con la época de la Unidad Popular en una suerte de lógica de campo y contracampo que si bien opera como herencia también se hace cargo de la singular contingencia de cada situación. Por ejemplo, en la crónica “Un verano feliz”, el autor se desplaza entre San Antonio y Santo Domingo, en compañía de una poeta local, y por momentos la mirada se abre en tiempo y espacio: aparecen Isla Teja y el Mall de San Antonio, la herencia de la dictadura se actualiza. Luego el cronista se detiene en las ruinas de las cabañas que construyó la CUT en la misma zona durante la época de la UP, y después de evocar el recuerdo de la película Un verano feliz (documental que registra dicha experiencia), Jorge, el ángel o pájaro, se pregunta: “¿Qué privilegiar en el recuerdo? ¿el objetivo de la CUT de construir hermosas cabañas para que los trabajadores y sus familias tuvieran espacios dignos de recreación o las mismas cabañas ocupadas como campos de tortura y desaparición? ¿Desde qué lugar proviene nuestro recuerdo: de la alegría o el daño?” La pregunta es más bien retórica, el ángel de la historia –o el pájaro– sabe que es parte de una dialéctica en suspenso (Theodor Adorno también está presente en este libro). Las cabañas de la UP como gesta de una alegría del pueblo, las cabañas como centro de detención y tortura: campo y contracampo; ambas imágenes se convocan pero no de manera equivalente, lo que terminaría igualándolas, sino entrando en tensión, sin ser superadas. Ambas imágenes chocan, pero sin construir un significado que las reúna, “como las analogías que renuncian a la comparación”, según nos dice el propio Polanco en otro apartado. Así, las imágenes puestas una al lado de otra adquieren una potencia en su tensión. Me refiero a las imágenes de la UP en Un verano feliz, pero también a las del funeral de Luciano Cruz, que funcionan como escenas, ruinas afectivas de un pueblo, leídas desde el vacío del golpe: plano y contraplano, imaginar el gesto colectivo y documentar el terror.
En este primer apartado, “Familia Militar”, la mirada de pájaro también se agudiza y se detiene en la herencia de la violencia en otros ámbitos menos explo