Jéssica Sequeira, poeta, traductora e investigadora, nos sorprende hoy con un profundo ensayo dedicado a la obra de Winétt de Rokha: “Para mí, es asombroso que la obra de Winétt de Rokha no haya sido tomada en serio hasta ahora como un canto americano, un poema épico que canta a una América unida a través de su tierra y sus pueblos, replicando en su prosa el mismo proceso de contradicción y transformación que ha experimentado la historia misma. El canto americano es una forma fascinante adoptada de diversas maneras por figuras de este período, quienes, en un intento por forjar una identidad fluida para una América que tendía a definirse a través de lazos de hermandad y conexión con la naturaleza, se oponían a lo que hoy podríamos llamar las prácticas extractivistas de las corporaciones extranjeras, particularmente las de Estados Unidos. Dichos lazos tienden a buscar formas de pertenencia y unión que trascienden tanto el capitalismo como la identidad nacional, incluso si los autores individuales sienten lealtad a regiones específicas, tanto en su paisaje físico como en los imaginarios que evocan. La obra de Winétt de Rokha, El valle pierde su atmósfera (1949), ocupa distintos lugares en sus detalles vividos, y no se interesa por los grandes monumentos de las guías turísticas, sino por los detalles increíblemente específicos y sorprendentes, cuya cuasi surrealidad se ve amplificada por la forma en que los describe”.
El valle pierde su atmósfera, de la poeta chilena Winétt de Rokha (1894-1951), es un libro de 48 poemas escritos principalmente durante su viaje por Latinoamérica. El esposo de Winétt, Pablo, había sido nombrado Embajador Cultural de Chile en América por el presidente Juan Antonio Ríos, y juntos visitaron diecinueve países, conociendo ciudades y pueblos, relacionándose con la gente, dando charlas, asistiendo a cenas y escribiendo mucha poesía durante el viaje. Según el escritor chileno Álvaro Bisama: “El viaje, antes impensado, sucede a partir de la repercusión que 12 Poetas Hispanoamericanos [una antología traducida] ha tenido en el medio cultural chileno, asombrado por la inclusión de De Rokha. Mario Ferrero cuenta que a raíz de eso el presidente Juan Antonio Ríos llama al poeta y le propone ‘una misión secreta, de carácter cultural, que se desarrollará a través de los distintos países de América’”. De Rokha aceptó esta misión, y sus viajes con Winétt, de 1944 a 1946, los llevaron por Sudamérica, hasta Centroamérica, incluyendo Perú, Uruguay, Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guatemala, Cuba y México, para finalmente llegar a Norteamérica. El 27 de noviembre de 1945, la pareja leyó sus poemas en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, y existe una grabación de ese momento en la que uno se maravilla de sus ritmos y cadencias sorprendentemente similares. Para un relato anecdótico y picaresco de la estancia de la pareja en estos lugares, recomiendo la autobiografía de Pablo de Rokha, El amigo piedra.

Iniciado justo antes del viaje, El valle pierde su atmósfera de Winétt de Rokha contiene toda la riqueza de sus impresiones transformadas en lenguaje, con un lenguaje abundante que acude al recurso de la superposición de frases para crear un efecto exuberante e hipnótico. El poema introductorio de Winétt anuncia la intención de crear un “canto nacido de polvo de oro” y una “estrofa de la necesidad de la jornada”. “El valle pierde su atmósfera es incorruptiblemente americano”, proclama. Los poemas hacen referencia a diferentes partes de “América”, con especial atención a la tierra y las condiciones sociales, mencionando las “troncos, esteros, platanares, cauchales, campiñas que dan alimañas”, los pueblos indígenas como el jíbaro de Perú y Ecuador, la fauna local como lobos y avispas, la flora local como el clavel del aire o copihue, y protestas populares como el Congreso de Trabajadores de Baltimore. Dado el contexto, la especial atención prestada al comunismo no sorprende, desde la mención de líderes como Lenin y Stalin hasta la evocación de desigualdades que deben ser erradicadas. También se incluyen críticas a escritoras burguesas como Angélica Arenal. En cierto modo, se trata del maravilloso costumbrismo de una mujer que registra activamente lo que ve mientras recorre territorios desconocidos. Pero la deliberada densidad de referencias y la profusión de frases en estos poemas hacen que esto sea mucho más que un simple registro, hasta el punto de que resulta difícil conectar significante con significado: este libro de poemas se dedica a un tipo de labor diferente.
Para mí, es asombroso que la obra de Winétt de Rokha no haya sido tomada en serio hasta ahora como un canto americano, un poema épico que canta a una América unida a través de su tierra y sus pueblos, replicando en su prosa el mismo proceso de contradicción y transformación que ha experimentado la historia misma. El canto americano es una forma fascinante adoptada de diversas maneras por figuras de este período, quienes, en un intento por forjar una identidad fluida para una América que tendía a definirse a través de lazos de hermandad y conexión con la naturaleza, se oponían a lo que hoy podríamos llamar las prácticas extractivistas de las corporaciones extranjeras, particularmente las de Estados Unidos. Dichos lazos tienden a buscar formas de pertenencia y unión que trascienden tanto el capitalismo como la identidad nacional, incluso si los autores individuales sienten lealtad a regiones específicas, tanto en su paisaje físico como en los imaginarios que evocan. La obra de Winétt de Rokha, El valle pierde su atmósfera (1949), ocupa distintos lugares en sus detalles vividos, y no se interesa por los grandes monumentos de las guías turísticas, sino por los detalles increíblemente específicos y sorprendentes, cuya cuasi surrealidad se ve amplificada por la forma en que los describe; esto la sitúa en la tradición de Pablo Neruda (Canto General, 1950) y Gabriela Mistral (Poema de Chile, 1967), entre otros. Neruda habla en apasionados monólogos y dedicatorias a amigos y figuras históricas sobre una tierra que contiene a los muertos y la historia, pero que es eternamente capaz de resucitar, mientras que Mistral habla en una tierna conversación entre un fantasma, un niño indígena y un venado.
Los tres comparten el interés por vincular paisajes geográficos, sociales y psicológicos, y el proyecto de crear un canto americano que es también un proyecto de crear una América. Cabe destacar que el matrimonio de Rokha adoptó la forma del canto americano antes que Neruda y Mistral, y desarrolló sus obras casi simultáneamente. Su escritura está tan unida que resulta casi imposible hablar de ella por separado; ambos se influyeron mutuamente, viajando y viviendo juntos, lo que provocó una superposición significativa de temas políticos y cotidianos. Ambos también comparten mucho rasgos estilísticos, como el verso extenso que roza la prosa y la preferencia por palabras específicas, como sucede con la palabra “sinfonía”. Sin embargo, al considerarlas conjuntamente, se han tendido a ocultar las diferencias, quizás lo más interesantes. Las obras de Pablo de Rokha que tratan más directamente de América (Canto al Ejército Rojo, 1944; Los poemas continentales, 1944-1945; Interpretación dialéctica de América y los cinco estilos del Pacífico, 1947; Carta Magna del continente, 1949; Arenga sobre el arte, 1949; y la obra en prosa El amigo piedra) hablan con un aullido de denuncia trágico, lleno de rabia y frecuentemente agresivo, salpicado de frases de increíble belleza lírica y contenido ético; frecuentemente asume la posición de un toro herido, caprichoso e impredecible, pero lleno de convicciones morales.
Winétt se expresa con un tono más mesurado, lírico y melancólico, pero sus formulaciones, pacientes y sensuales, no son menos intensas. Si bien su registro a menudo permanece críptico, sin elucidación ni epifanía, su escritura no parece tanto una denuncia como una creación, proponiendo un nuevo tipo de lenguaje y un nuevo tipo de persona, dentro de nuevas estructuras económicas. Y la manera en que la obra de Winétt crea esta nueva forma de agencia es a través de su interpretación de la retórica neobarroca. El neobarroco latinoamericano se asocia frecuentemente –y es trabajado teóricamente por el escritor cubano José Lezama Lima, quien lo vinculó en ensayos filosóficos, particularmente en su obra maestra La expresión americana– a un potencial que era a la vez liberador, revolucionario y espiritual. La obra de Winétt precede y tiene afinidades con las ideas de Lezama Lima sobre un “espacio gnóstico”, y como Alejo Carpentier encarna un nuevo mundo a través de la creación verbal, el lirismo barroco y las atmósferas históricas.
Este es un mundo donde el ser humano vaga por el paisaje como un nómada, específicamente por las geografías de Latinoamérica, recolectándolas, transformándolas en lenguaje y devolviéndolas al mundo mientras continúa su viaje. Caos y claridad, disonancia y armonía, significado y falta de significado se relacionan aquí, con sus erotismos y complejidades. No se trata de un recuerdo en la tranquilidad; más bien, los estilos y patrones barrocos resisten lo estático, con una capacidad insaciable para incluir y hablar de todo lo que encuentran, sin necesariamente darle el orden artificial de la enciclopedia o el libro de historia natural, sino maravillándose ante todo lo que puede existir o imaginarse. Winétt y Pablo, fuera de su país de origen, Chile, experimentan el internacionalismo del Partido Comunista no como una utopía, sino como una experiencia vivida, la vívida plenitud del tiempo relatada. Su lenguaje es todo menos el lenguaje legalista y burocrático del Estado-nación o del Politburó, y parece rechazar toda lealtad demasiado rígida. De hecho, en El amigo piedra Pablo de Rokha deja constancia de su distanciamiento de Chile al partir, mirando desde la ventanilla del avión: “La bandera de Chile es un pañuelo del tamaño del mundo cuando nos plantamos en la frontera, la cruzamos, y no lloramos”.
“Winétt se expresa con un tono más mesurado, lírico y melancólico, pero sus formulaciones, pacientes y sensuales, no son menos intensas. Si bien su registro a menudo permanece críptico, sin elucidación ni epifanía, su escritura no parece tanto una denuncia como una creación, proponiendo un nuevo tipo de lenguaje y un nuevo tipo de persona, dentro de nuevas estructuras económicas. Y la manera en que la obra de Winétt crea esta nueva forma de agencia es a través de su interpretación de la retórica neobarroca” (Jéssica Sequeira).
¿Qué es la América que encuentra Winétt? Una variedad heterogénea, de “revueltas calidades”. Es un “laberinto convolusivo, disparejo, barroco, comunicante”. La multiplicidad de América se resiste al orden, pero no llega a ser un caos total. Se percibe su placer al recorrer una América cuyos territorios ya habían recibido cientos de nombres por parte de los pueblos indígenas antes de la llegada de Colón, y que han adquirido otros miles desde entonces, mientras realiza visitas en nombre de un Partido que, en teoría, defiende la amistad entre los pueblos y la búsqueda de la justicia económica y social. Tanto Winétt como Pablo escriben positivamente sobre Stalin y su proyecto de colectivización, cuyos aspectos más oscuros aún no se habían hecho públicos por completo en aquel momento; cuando viajaron, los Gulags operaban a pleno rendimiento, procesando a millones de personas, pero estos hechos aún no eran reconocidos por el Partido Comunista ni por la mayoría de los intelectuales. Esto puede modificar nuestra lectura posterior del texto, que hace que las menciones de Winétt al respecto parezcan inocentes o ingenuas, y que forman parte del contexto de la época.
Sin embargo, la atención de Winétt se centra en América, donde maravillas y desigualdades por igual se manifestaban con claridad. La cuestión es cómo escribir sobre ellas durante un viaje tan vertiginoso, haciendo justicia a lo que vio pero, al mismo tiempo, transformándolo en algo diferente. Los repetidos descubrimientos de imágenes mentales en la escritura de Winétt no se parecen en nada a los descubrimientos de un conquistador. Sus descubrimientos como viajera tienen lugar, en cambio, en un tiempo poético no lineal, donde no existe una mentalidad pionera de descubrimiento singular, sino una revelación constante. Ella y Pablo viajan sin el deseo de dominar, sin que todo esté fragmentado y separado como texto. La noción de texto en sí misma puede utilizarse para múltiples propósitos. Pergaminos y manuscritos aparecen a lo largo de El valle pierde su atmósfera, vinculados a historias jurídicas y realidades coloniales y constitucionales. El propio libro de Winétt presenta otro tipo de manuscrito, con sus voces de personas desempleadas, animales y geografías, “voces resucitadas de un pasado clavado en prosa serrana”.
Y este estilo de prosa en sí mismo, este masar, martillar y acumular, tiene un efecto. Se trata de un “abolengo de vanguardia popular”, como lo expresa Winétt, cuidadosamente ensamblado a partir de la abundancia de elementos encontrados y la naturaleza, “oscuras vegetaciones de asombro”. La prosa misma se convierte en una fuerza que irrumpe la perfección estática de la página en blanco y las expectativas del verso perfectamente elaborado de su época para generar acontecimientos. Su exceso se resiste a la congelación y consolidación de la experiencia en múltiples niveles, para crear una fluidez cambiante y líquida, abierta al cambio. La imaginería de una frase es inesperada, y esta inesperanza se yuxtapone de maneras sorprendentes con otras imágenes impactantes. En esta realidad no del todo comprensible, no del todo trazada, el lector se siente ligeramente desconcertado. Sin embargo, para quien no es cartógrafo ni explorador, quien no busca una guía turística, esta sensación puede resultar emocionante. Uno puede llegar no solo a nuevos lugares, sino también a una nueva idea del tiempo, con una sensación de comprensión siempre al borde: “la suerte sin determinación”, “sepias insurgentes” o “la leña de lo ido, la insignia de lo incierto definido”, como lo expresa Winétt, quien acumula técnicas para prenderle fuego. Aquí es donde entra en juego la idea de Winétt de un sujeto no individualista con una agencia diferente, porosa y entrelazada con los elementos de la realidad, lo opuesto a una identidad única y al “yo”. Se burla de “los héroes y sus amuletos de cacao”, “las mujeres [que] se desnudan en síntomas de cursilería”, “la membranosa manada alegórica de hoy”, y “las ondas porosas, inconexas, jesuitas” de un lago, que reflejan un tipo de pensamiento; critica con sutileza lo que favorece la abstracción y la singularidad sobre los proyectos concretos e interconectados. La forma de subjetividad que presenta, lo que ella llama un “yo abierto”, permanece incierta y fluida, no fija dentro de sus propios límites sino conectada con los lugares, los animales, las plantas y otras personas que la rodean. Cabe destacar que Winétt menciona a “Whitman, de Rokha, Mayakovsky, todo el folclore social floreciendo, dando fruto”. La conciencia de una situación histórica desempeña un papel fundamental en la creación artística y literaria, y si bien es cierto que algunos poetas han escrito poemas especialmente bellos o que han alcanzado un éxito extraordinario, tanto la belleza como el éxito existen inevitablemente dentro de sus circunstancias. La misma crítica al Gran Poeta puede aplicarse a la Gran Revolución. Es la construcción del contexto lo que produce un acontecimiento; no tiene sentido romantizar únicamente al escritor o al acontecimiento en sí mismo.
“Bello argumenta que: “La recepción de la obra de Winétt de Rokha en los últimos 55 años ha sido prácticamente inexistente… Winétt nunca fue realmente leída, más allá de sus atributos externos”. Se refiere a los textos superficiales de sus contemporáneos Manuel Magallanes Moure y Juan de Luigi, quienes parecen más preocupados por la apariencia de Winétt y sus cualidades como musa que por sus libros. Estas ideas aún persisten de forma insidiosa; hablando con algunos amigos poetas chilenos sobre esta traducción hace apenas unos meses, opinaron que si Pablo de Rokha es vino tinto, Winétt de Rokha es rosado. No logran percibir el rigor y la fuerza de su escritura, que adopta una configuración diferente” (Jéssica Sequeira)
¿Cómo abordar el cambio? Es un asunto delicado que requiere atención a los detalles concretos, pero sin descuidar su interrelación con el resto. El interés de Winétt reside en lo relacional, en la forma en que lo individual y lo múltiple se interrelacionan. Cada una de sus frases es única y sorprendente, pero también forma parte de una red mucho más amplia. Todos los pequeños detalles importan; todo integra un sistema en constante evolución. Y las frases de Winétt, individualmente sutiles pero que se acumulan hasta alcanzar una poderosa densidad, constituyen una reconstrucción paciente pero insistente tanto de Latinoamérica como de ella misma como sujeto, en relación concreta con su entorno.
Una vez más, el estilo de Winétt encarna una profunda filosofía que cuestiona la validez de la idea reificada y completamente formada, incluyendo la idea del yo. La contradicción y el desorden son necesarios para el movimiento. Los cúmulos de impresiones impulsan las acciones. Nada es insignificante, y la suma de todo lo material y los pensamientos crea una fuerza mayor que cada cosa por separado. Algo uniforme y claramente definido como una sola identidad no se mueve. Es la acumulación, un alejamiento del enfoque de la narrativa progresiva y el tiempo lineal, una “insistencia sumada, trascendental”, lo que moviliza la fuerza oceánica, imparable y poderosa, capaz de arrasar con las viejas ideas e introducir otras nuevas. Este estilo de dialéctica en movimiento es coherente con las creencias comunistas y revolucionarias de Winétt, pero también expresa su propia sensibilidad, en la que la intuición que menciona en su poema introductorio se combina con una cierta voluntad para crear, no en solitario, sino inseparablemente en diálogo con los demás. Y la retórica del movimiento se corresponde con una idea de crecimiento. América se describe como “frutos de delicias en trance de ser ideas”, y hay un poema dedicado a Pablo que menciona la “infancia” de América. “América” se refiere principalmente a Latinoamérica, pero dado que Winétt y Pablo llegaron a Estados Unidos, conocieron a compañeros y dieron una lectura allí, tal vez también albergaban una visión unificada del Norte, Centro y Sur, a pesar de sus sospechas sobre las prácticas económicas de esa región. El mundo, sacudido por las recientes y continuas guerras civiles y mundiales mientras Winétt y Pablo viajaban, parecía vibrar con una catástrofe y un cambio inminentes. Las notas de Pablo sobre su tiempo en esta América reflejan esto, como por ejemplo cuando habla de la charla de Winétt y la suya en la Universidad Interamericana: “Estamos aquí hablando, estremecidos por el calor y el dolor del sur enormes, de un pueblo en el cual todas las cosas del mundo están confusas”.
Estas ideas de cambio sistémico y evolutivo también influyen, quizás, en la relación de Winétt con Pablo, un “melódico connubio contradiciéndose creyente”, como ella dice en El valle pierde su atmósfera. También escribiría en varias partes de su obra sobre la fertilidad de las cosas, del florecimiento, del estar embarazada. Winétt sabía algo de esto, ya que tuvo nueve hijos con Pablo. De hecho, en muchos sentidos, las categorías de las relaciones personales y el desarrollo de Estados Unidos se superponen en la obra de Winétt como formas de amor y desarrollo. Winétt codirigió la revista y el proyecto editorial Multitud con Pablo durante muchos años, y ella misma contribuyó a él. Nacida en una clase social ligeramente superior a la de él, se resistió al papel de esposa burguesa y se entregó a una vida de inmensa creatividad, incluyendo argumentos y críticas contundentes. Las cosas no siempre fueron fáciles. Pablo de Rokha habitaba el mundo del huaso, un tipo chileno asociado con lo provincial y la vida en contacto con la tierra, en contraposición a los elegantes y dandis bohemios de Santiago, admiradores de Europa, entre los que se contaba a Neruda (esta idea subyace a algunos de los intensos ataques de De Rokha). Winétt y Pablo compartieron una vida familiar humilde pero feliz en el campo; Pablo viajaba para vender libros y obras de arte usadas, mientras que Winétt criaba a la numerosa familia (a veces también lo acompañaba). Bisama relata una época en la que tuvieron que sobrevivir a base de enormes cantidades de aguacates, que a la postre les resultaban nauseabundas. Pablo imprimía sus propios escritos y vendía los de otros. Hacía lo mismo con las pinturas, falsificando varios lienzos y atribuyéndolos a artistas reconocidos. La muerte prematura de algunos de sus hijos, así como la inconstancia de Pablo, la sumieron en estados de depresión y en una escritura onírica, que se aprecia claramente en su libro Oniromancia. Sin embargo, el estereotipo de Winétt, el de una esposa y madre melancólica y abnegada, queda desmentido por estos versos enérgicos y sus llamados al cambio social. Y ella misma podía ser bastante mordaz, como cuando, en un momento de su viaje por Latinoamérica, fue convocada a la embajada para ser reprendida una vez más por acusar a otras mujeres de ser burguesas, un ataque que ya había formulado en las páginas de Multitud y que aparece de forma velada en este libro.
Aunque Winétt no se centró en su vida, su obra contiene referencias a sus experiencias biográficas. En El valle pierde su atmósfera, se describe irónicamente como una “temorosa vestal” rodeada de “marcial ilusión”, con “uñas de origen escocés” y la sensación de una mujer “absurda de angustia provinciana”. Su énfasis en la provincia y su afinidad con ella son notables; en El valle pierde su atmósfera, la defiende de la ciudad, representada como ostentosa. El pueblo es letárgico y lento, pero una vez que se mueve, lo hace con total entrega. La enorme acumulación ondulante de la tormenta desemboca en un espasmo; la languidez se convierte en desborde. La fuerza del “corcel pueblerino” cargará contra la “coraza urbana” con “el lenguaje desgastado de cetáceos encorvados con elegantes vestimentas y cultura”. La vida urbana, en cambio, alberga al los “Narcisos hinchados de fronda intelectual” que cambia su acento, y a la “tertulia finada” de poetas que solo buscan su propia gloria. De manera similar, Winétt se burla del trompetista ancestral y arcaico que adora a las mujeres con corsé rosa, y de otras figuras anticuadas que simplemente replican en lugar de crear algo nuevo, individualistas “sin asuntos universales”. La crítica de Winétt no se centra en la pretenciosidad de estas figuras (y, después de todo, ¿acaso la pretenciosidad no es ambición? ¿No es la pretenciosidad un esfuerzo por alcanzar una realidad que aún no existe? ¿No debería celebrarse la pretenciosidad?), sino todo lo contrario: es un lamento por su complacencia y su falta de deseo de ir más allá de su zona de confort. Por razones similares, también criticó libros como la popular novela María de Jorge Isaac, un clásico del romanticismo latinoamericano.
“Winétt de Rokha es leída como una figura en el contexto de un debate más amplio sobre las mujeres y Latinoamérica; esto no es problemático en sí mismo, pero si se pretende reivindicar a una escritora, su obra también debe ser leída con atención. Aún queda mucho trabajo por hacer en este sentido, dado que Winétt y muchas otras escritoras siguen siendo relegadas a ser leídas principalmente por su género” (Jéssica Sequeira)
Un extenso estudio crítico de Javier Bello, reúne la obra de Winétt en un solo volumen, con una breve introducción biográfica y varios estudios críticos de académicos. Este es el libro más serio publicado hasta la fecha sobre la obra de la poeta. Bello argumenta que: “La recepción de la obra de Winétt de Rokha en los últimos 55 años ha sido prácticamente inexistente… Winétt nunca fue realmente leída, más allá de sus atributos externos”. Se refiere a los textos superficiales de sus contemporáneos Manuel Magallanes Moure y Juan de Luigi, quienes parecen más preocupados por la apariencia de Winétt y sus cualidades como musa que por sus libros. Estas ideas aún persisten de forma insidiosa; hablando con algunos amigos poetas chilenos sobre esta traducción hace apenas unos meses, opinaron que si Pablo de Rokha es vino tinto, Winétt de Rokha es rosado. No logran percibir el rigor y la fuerza de su escritura, que adopta una configuración diferente.
Bello se aventura a una lectura más generosa, afirmando que: “El Valle Pierde su Atmósfera es un libro que requerirá múltiples lecturas para comprender su complejidad y devolverle el lugar que, en mi opinión, debió ocupar y aún debe ocupar en la poesía chilena contemporánea, como uno de sus momentos más intensos y particulares”. Su ensayo introductorio apunta en esta dirección, pero en última instancia se centra más en recuperar a Winétt como figura poética en general, adoptando un enfoque biográfico que no profundiza demasiado en la obra en sí. Esto también se aplica a las demás lecturas secundarias incluidas en el libro, a cargo de Soledad Falabella, Juan G. Gelpí, Ángeles Mateo del Pino, Jorge Monteleone, Eliana Ortega y Adriana Valdés, que presentan sólidos argumentos a favor del valor de la obra de Winétt, pero que en realidad no realizan una lectura minuciosa ni analizan sus elementos formales. Winétt de Rokha es leída como una figura en el contexto de un debate más amplio sobre las mujeres y Latinoamérica; esto no es problemático en sí mismo, pero si se pretende reivindicar a una escritora, su obra también debe ser leída con atención. Aún queda mucho trabajo por hacer en este sentido, dado que Winétt y muchas otras escritoras siguen siendo relegadas a ser leídas principalmente por su género. Aquí, tal vez podamos comenzar con una actitud como la de Vicente Huidobro, un lector que tomó en serio la obra de Winétt. En una entrevista con La Nación el 28 de mayo de 1939, Huidobro afirma que para él los poetas verdaderos son Winétt de Rokha y Rosamel del Valle, y que su escritura es para él sin dulzainas gelatinosas ni barro verde, un himno poético a la poesía.

La cuestión de cómo Winétt equilibró su particular forma de rigor y fortaleza —su particular vino tinto— con sus intereses en el barroco, en América, en la historia y en la vida onírica, como sucede en su libro Oniromancia, da pie a un análisis mucho más profundo. La omnipresencia de su marido dificulta en cierta medida la comprensión. Precisamente porque la obra de Pablo es tan desafiante, por no decir prolífica, su historia ha tendido a moldear nuestra comprensión de la de ella. Su relación con el Partido Comunista era compleja, y se afilió durante el régimen del presidente Pedro Aguirre Cerda, pero fue expulsado debido a sus críticas abiertas a ciertos miembros, a quienes consideraba dinosaurios. La invitación al viaje a Latinoamérica fue, en cierto modo, una bienvenida de regreso al partido, una bienvenida que pronto se vio empañada a su vuelta cuando el presidente Gabriel González Videla tomó el poder y comenzó a reprimir y perseguir activamente a los miembros del Partido Comunista. (Fue entonces cuando Neruda, como es bien sabido, tuvo que esconderse y cruzar la cordillera para ponerse a salvo en Argentina). Los estados de ánimo políticos y emocionales de Pablo de Rokha, así como su depresión y sus tendencias agresivas, se volvieron más volátiles durante este período, agravados por la muerte de Winétt a causa del cáncer pocos años después de su regreso. Su obra de 1953, Fuego negro, fue una larga elegía dedicada a ella, su amor y su camaradería, y su gran antología de 643 páginas, que recopilaba la obra de su vida, publicada al año siguiente, estuvo dedicada a Winétt e incluyó varias imágenes en blanco y negro de ella en sus primeras páginas. Cuando Pablo se suicidó unos años después, lo hizo con la pistola Smith & Wesson calibre 45 con empuñadura de nácar que le habían regalado el artista David Siqueiros y el general Lázaro Cárdenas cuando él y Winétt habían viajado juntos por México, y lo hizo mientras contemplaba un gran retrato de Winétt. Esta historia, repetida y recontada por generaciones más jóvenes de poetas, reafirma el estereotipo de Winétt como la compañera de Pablo en la tragedia. Es posible que así la percibiera Pablo, pero los lectores modernos no se limitan a esta interpretación.
Menciono estas cuestiones sobre cómo posicionar la obra de Winétt porque, de no abordarse, permanecería como hasta ahora: insignificante, sin leer, considerada una curiosidad marginal. La historia intelectual latinoamericana se ha tratado a menudo como periférica a la historia intelectual europea, y proyectos como el canto americano, que otorgan una narrativa a la tierra y a sus pueblos, han recibido una nueva atención en un intento por cambiar esta situación. Sin embargo, la forma misma también ha sido cuestionada, vinculada a la voz del poeta-profeta que habla en nombre de la geografía y las tradiciones orales en lugar de dejar que estas hablen por sí mismas, y que con frecuencia excluye a las mujeres y a los pueblos indígenas. Al mismo tiempo, la escritura femenina suele leerse como un género aparte.
Leer El valle pierde su atmósfera de Winétt de Rokha, en cambio, como un canto americano y una contribución explícita a la historia literaria e intelectual, le abre una nueva riqueza contextual, liberándola de la lectura de género y de los caminos preestablecidos. Escribir esta nota de la traductora ha sido una actividad de exploración y descubrimiento tanto para mí como para el lector, una labor que podría haberse omitido —sin duda el libro habría salido antes— pero que considero necesaria, especialmente para una escritora como Winétt, para quien los materiales críticos son escasos y superficiales. La cultura de la crítica es como es, con escasez de tiempo y recursos, y si se proporciona un marco de referencia, la conversación a veces puede ir más allá, sin limitarse a lo que dice el comunicado de prensa o lo que dicta la costumbre. Winétt no merece ser rescatada solo como la talentosa esposa de un talentoso poeta famoso, o como una importante escritora olvidada. Ese argumento no basta; ignora el texto en sí. La crítica literaria consiste en llevar el diálogo a terrenos más ricos, insólitos, específicos y complejos, y si una nota del traductor puede sugerir, aunque sea parcialmente, geografías más extrañas u otras posibles vanguardias, me alegra escribirla. Que florezcan la profundización de las ideas y la fuerza de la interpretación.
Bibliografía
— Bisama, Álvaro. 2021. Mala lengua. Un retrato de Pablo de Rokha. Santiago de Chile: Alfaguara.
— de Rokha, Pablo. 1954. Antología 1916–1953. Santiago de Chile: Editorial Multitud.
— de Rokha, Pablo. 1949. Arenga del arte que incluye El valle pierde su atmósfera. Santiago de Chile: Editorial Multitud.
— de Rokha, Pablo. 1952. Fuego negro. Santiago de Chile: Editorial Multitud.
— de Rokha, Pablo. 1951. Suma y destino, prologue by Juan de Luigi. Santiago: Editorial Multitud.
— de Rokha, Pablo. 1990. El amigo piedra, autobiografía, prologue by Naín Nómez. Santiago de Chile: Editorial Pehuén.
— de Rokha, Winétt. 2008. El valle pierde su atmósfera. En Winétt de Rokha: El valle pierde su atmósfera. Edición crítica de la obra poética, edited by Javier Bello. Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio.
— de Rokha, Winétt. 2019. Oneiromancy, translated by Jessica Sequeira. Ripon: Smokestack Books.
— Huidobro, Vicente. 2012. Vicente Huidobro a la intemperie. Entrevistas, 1915–1946, edited by Cecilia García-Huidobro. 2012. Santiago de Chile: Ocho Libros (Fundación Vicente Huidobro).
Este ensayo se publicó originalmente en inglés como prólogo de The Valley Loses Its Atmosphere / El valle pierde su atmósfera (Shearsman, 2021, Reino Unido), la traducción de Jessica Sequeira del libro de Winétt de Rokha.