Hoy, Rodrigo Gómez Mura, artista visual y docente del Instituto de Artes Visuales, de la UACH, comparte con nosotros este texto sobre el último libro-objeto del poeta e investigador Jorge Polanco: “Recordemos lo que el ángel de la historia de Walter Benjamin quería hacer: detenerse, despertar a los muertos y volver a juntar lo destrozado, reparar a las víctimas. Un libro experimental de imágenes poéticas posibilita lo mismo, considerando además que se propone como un objeto para ser desmantelado y, junto con ello, posiblemente perder para siempre el universo – constelación inicial, sugerida por el arduo trabajo de ordenamiento de meses con sus días y sus noches frente a la mesa con papel Kraft. En cuanto imágenes, Si esto fuera una película se puede igualmente “escuchar como la radio” o como “se mira la tv en grupo”, y nuevamente leerse como se hace en la escuela o en cualquier tipo de estudio, acompañados; similar también a cómo en los espacios de arte el experimento-libro se abre tanto a lo individual como a lo compartido”.
Desde un inicio, por su título, Si esto fuera una película podría no ser un libro, y si esto fuera una película, ¿qué película sería?, y si fuera un libro que no es un libro tradicional, sino un mapa, un manual de desmontaje y un plan de operaciones basado en archivos, un guion de cine ensayo, en este caso un ensayo film.
Si esto fuera una película, es un espacio de pensamiento y sensibilidad que ha derivado de un proceso dedicado, hecho a medida, meditado en cada elección diseccionada sobre una mesa; una constelación abierta de montajes: collages, dibujos, textos, grabados y pinturas. Las hojas que forman el libro –y a las que Jorge Polanco certeramente ha llamado fotogramas– son piezas extraídas de sus cuadernos que han funcionado como espacios de trabajo: “el cuaderno es un paisaje, un recorte de la mirada y un horizonte”. La borradura, la sobreimpresión, la mezcla de medios integrados por recortes e interpretaciones son síntomas del coleccionismo del autor. El coleccionista, como el acumulador, rescata nostálgicamente de la melancolía lo que el tiempo destruye, se aferra a unos objetos y los (se) trata de salvar del vacío cuando no estén.



Como libro experimental se preocupa de la función del libro en manos de un usuario que es un lector activo, y contradice, o pone de relieve, palabras e imágenes. Su compaginación, que tanto trabajo ha dado a su autor, no sigue numéricamente el orden tradicional y está hecho para desmantelarse, porque las imágenes que usa Jorge son analógicas en su origen, provenientes de diferentes dispositivos mediáticos. Jorge selecciona-recorta-traduce la imagen con sus ojos y sus propias manos, la extrae de los medios con asociaciones subjetivas, permitiendo releer, ¿y quién está releyendo?, ¿Jorge en sus recuerdos o los usuarios de este libro a través de él? Si el libro es espacio y sigue un antiguo dicho: “uno vuelve donde ha estado bien o a las cosas seguras”, acá puede ocurrir esta necesidad, pero también puede suceder que la nostalgia reflexiva funcione de manera crítica, porque no se fue feliz y se hace necesario que no vuelva a pasar. La memoria pensada así tiene que ver con lo episódico. El libro invita a que Ud. rearme una historia con poderosas ideas visuales que Jorge ha recuperado del tiempo. Funciona tanto como objeto conceptual-estético como un contenedor de memoria, una cápsula de extensiones-agregados sensibles sobre qué es común a nosotros. Porque en lo común los libros nos hacen sujetos.
Recordemos lo que el ángel de la historia de Walter Benjamin quería hacer: detenerse, despertar a los muertos y volver a juntar lo destrozado, reparar a las víctimas. Un libro experimental de imágenes poéticas posibilita lo mismo, considerando además que se propone como un objeto para ser desmantelado y, junto con ello, posiblemente perder para siempre el universo – constelación inicial, sugerida por el arduo trabajo de ordenamiento de meses con sus días y sus noches frente a la mesa con papel Kraft. En cuanto imágenes, Si esto fuera una película se puede igualmente “escuchar como la radio” o como “se mira la tv en grupo”, y nuevamente leerse como se hace en la escuela o en cualquier tipo de estudio, acompañados; similar también a cómo en los espacios de arte el experimento-libro se abre tanto a lo individual como a lo compartido; es decir, a la forma en que el arte contemporáneo ha intentado cambiar el fenómeno solitario y silencioso de la modernidad.
En el libro hay reproducciones de utensilios, materialidades y procedimientos propios de la poesía visual: collages, sobres de envío postal, negativos de películas fotográficas, mapas con tablas de distancias, fotocopias de pasaportes de viaje, páginas de otros libros con impresiones y variados colores, producto de disposiciones intuitivas de una variada prueba experimental con referencias a lo técnico de la escritura y de la imagen, dibujo técnico de herramientas, diagramas de la escala de realidad que funcionan como figuras retóricas, ritmos y repeticiones de poetas, libros, dibujos, pinturas y grabados.



Es un libro de artista que se hace intraducible al ser la lectura en primera impresión, perceptiva y estética, lo que devela su evidente parentesco con la poesía; también ocurre otra cosa: las imágenes ocupadas en sentido preciso son una traducción directa de la realidad, han sido sacadas de ella, rescatadas del tiempo, sin necesitar un traductor de palabras. En cada idioma conmueven a su manera y apagan el silencio propio a la imagen artística para encender-prender un murmullo propio del lector-visivo, porque el libro experimental como el libro de artista es un formato que, con todo lo que soporta, se hace inseparable de su contenido. Es un objeto y espacio de pensamiento expositivo en sí mismo. Agreguemos que este, además, es diseccionable, desmantelable y quizás –de acuerdo a lo esperado– incluso transformable de tomo a lomo, de inicio a fin, arriesgando no poder unir lo que se ha descuartizado. En ese desarme y su posible re-ensamblaje, es un libro que modifica y juega con el espacio y el tiempo donde se despliega. Los libros de artista fueron concebidos como ese espacio de soporte para reemplazar a la galería y el museo, y con el tiempo, permitir una manipulación y maniobra hoja–ojo, a partir de la mano del usuario, es decir, una experiencia alternativa de lectura.
Este libro seguirá cambiando, seguirá jugando con el espacio y el tiempo. Un libro, como el film, siempre hace eso: pues ¿qué es el cine sino la revisión constante e infinita de las películas de nuestra vida?