¿Qué es lo que define a un barrio? Para algunas personas el barrio es el espacio de la ciudad hasta donde se puede llegar –desde la habitación personal– en pantuflas o en pijama; para otras, lo más lejos que se puede ir sin cédula de identidad; o también, el entorno en el que uno se saluda con las personas con las que se cruza en la vereda. Pero José Leandro Urbina, en El basurario del Baruni (Santiago: La Calabaza del Diablo, 2012) parece tener su propia definición: el barrio es el lugar de los amigos callejeros, donde uno «se entera de cuentos aunque no quiera».

No falta nada en este barrio: a través de retazos narrativos bien articulados (de ahí el «basurario»), la privacidad de la vida se deshace en boca de los vecinos y se rehace con una mixtura de sabiduría y credulidad popular. De esta forma, incursiones sexuales irrefrenables, tardes de cine (horror o Tarzán), encuentros en la botillería y fiestas apoteósicas; pero también lo sobrenatural, el trasvase de almas a otros cuerpos, gatos caníbales y zombies, todo pasa a formar parte de un imaginario singular, localizado temporalmente en la década de los sesenta.
Pero el texto va más allá de personajes y situaciones. La verdadera apuesta imaginaria se encumbra sobre el lenguaje y sus rasgos de oralidad, donde los versos de Neruda son desplazados por las creaciones espontáneas de bardos callejeros y por las rimas picarescas de los «curaos». Nota aparte merece la convocatoria musical que hace Urbina para edificar el mundo del texto: cumbias y cantos gregorianos, pasodobles y música popular chilena, Elvis y los Beatles («¡lav, lav mi du!»), el rock del mundial y el twist del esqueleto. Y siempre con la avidez de un «¡uan mor taim!» tras cada hit del momento.
«De todo eso, de la gente y del barrio de entonces, no queda nada», nos dice el Baruni tempranamente en el texto, imprimiendo, entre una risa y otra, un rictus nostálgico por un lugar y una época perdidos para siempre. Hay algo de detención de tiempo y de fin irreversible en este libro: el Baruni está muerto; sus cuadernos se quemaron en el 73. Y es entonces cuando agradecemos como lectores estas memorias contra el olvido, memorias que, por cierto, rebasan con creces las «numerosas calles del barrio Independencia».
16 marzo, 2015 @ 15:47
Estamos intentando contactar a José Leandro Urbina Soto, si es posible, favor comunicarle. Muchas gracias