“Tengo la esperanza de que la educación poética tenga un lugar dentro de la educación pública, tal como lo tuvo la poesía en el pasado. Sueño con que no se pierda nuestra tradición, que se vuelva a enseñar la poesía chilena en las universidades, que volvamos a mirarnos en ese espejo que refleja parte de lo mejor que somos”, nos dice Alejandra del Río Lohan, entrevistada por el poeta, gestor cultural y cineasta documentalista Ernesto González Barnert.
Hablar con Alejandra del Río Lohan es entrar en un territorio donde la poesía deja de ser solo texto o voz para desplegarse como práctica vital, ética y pedagógica. Poeta con más de una decena de libros —un corpus que dialoga entre lo íntimo, lo político y lo espiritual— y educadora incansable, del Río ha levantado uno de los hitos más sugerentes de la reflexión pedagógica contemporánea: la educación poética.
Su libro Serpiente azul, sal del baúl. Fundamentos de la educación poética (Morena Ediciones, 2024) no es únicamente la sistematización de quince años de estudios en Chile y Alemania, y de experiencias en terreno con niños, jóvenes, adultos y personas mayores. Es, además, un manifiesto que cuestiona las pedagogías tradicionales y denuncia un sistema escolar atrapado en la estandarización y los resultados medibles, donde poco espacio queda para la imaginación, la libertad y la expresión personal.

En la propuesta de del Río, la poesía ya no es un objeto de estudio aislado, sino herramienta de transformación: una forma de habitar el mundo, de pensarse y narrarse. Desde su metodología Mi vida cuenta hasta el programa Yo árbol, ha demostrado que escribir y decir no son actividades accesorias, sino el corazón de una educación que busca formar seres íntegros, creativos y libres. En ese gesto late una herencia mistraliana, un humanismo afectivo que recupera la palabra como vínculo, pero también una radicalidad contemporánea: la convicción de que la poesía puede romper bloqueos cognitivos, sanar heridas y abrir horizontes colectivos.
En paralelo, su obra literaria —desde El Yo Cactus hasta Raíz adentro y Detrás del acantilado— ofrece un mapa íntimo y a la vez colectivo, donde memoria, deseo, naturaleza e historia se entrelazan en una tensión entre lo confesional y lo reflexivo. No es casual que Raíz adentro (Mago Editores) fuese distinguido en 2024 como una de las mejores obras de poesía publicadas en Chile, en un año marcado por la adversidad. Esa distinción, que la autora dedicó a la memoria de su padre, consolidó aún más su lugar como una de las voces más relevantes de la poesía chilena actual.
Hija de madre alemana y padre chileno, Alejandra del Río estudió literatura en la Universidad de Chile y vivió en Alemania entre 1999 y 2009, donde se especializó en Escritura Autobiográfica y Creativa en la Alice Salomon Hochschule de Berlín. Fue allí donde se tituló como “pedagoga de la poesía”, descubriendo que su pasión no era solo escribir, sino enseñar desde la palabra creadora. Desde su regreso a Chile, ha desarrollado talleres en diversas comunidades, desde la población Pedro Aguirre Cerda con Balmaceda Arte Joven hasta seminarios con cientos de docentes, así como programas pioneros de escritura terapéutica.
Traductora de poetas alemanas como Ingeborg Bachmann y Hilde Domin, terapeuta humanista-transpersonal y creadora de metodologías únicas, del Río ha hecho de la poesía un puente entre arte, educación y sanación. Su trabajo performático también da cuenta de una búsqueda: en contacto directo con el público, transforma la lectura en experiencia, en trance compartido, en un “más allá” de la palabra escrita.
Hoy, con Serpiente azul, sal del baúl, Alejandra del Río Lohan ofrece no solo un libro, sino una oportunidad: pensar la educación desde la poesía, abrir un espacio distinto para las nuevas generaciones y para todos quienes ven en la palabra una herramienta de libertad. Como ella misma escribe: “La poesía es un tesoro para el mundo, y este tesoro es para compartirlo”.
En esta conversación, la autora reflexiona sobre las claves de la educación poética, su desarrollo en Alemania y Chile, los desafíos de implementarla en un país marcado por la desigualdad educativa, la vigencia de Gabriela Mistral y Pablo Neruda como referentes, y la manera en que su propia obra literaria se nutre de este camino entre escritura, pedagogía y vida.
¿Cómo nació la idea de convertir tus experiencias en el libro Serpiente azul, sal del baúl. Fundamentos de la educación poética?
Desde el inicio de mi investigación en el año 2006 cultivé una bitácora de campo, escribía con detalle los hitos importantes de la sesión y mis reflexiones. Recolecté obras infantiles y las estudié. Mis reflexiones me vinculaban al trabajo de otros autores y libros. La práctica me llevaba a la teoría y desde ahí volvía a la clase con una didáctica enriquecida por la experiencia y la reflexión bibliográfica. Así se fue gestando Serpiente azul, como el testimonio de un proceso de investigación. De a poco fueron surgiendo los fundamentos de este enfoque pedagógico, reuniendo evidencia de los procesos y analizándolos. La didáctica es una ciencia empírica, se fragua al calor de la interacción real con el aprender y enseñar. Pronto me di cuenta que este trabajo debía ser compartido. Y surgió la idea de un libro que cumpliera con ser un deleite literario y, a la vez, un libro de trabajo, con el que futuros educadores pudieran formarse en educación poética. Por una feliz conjunción encontré a Morena Ediciones, juntos hemos trabajado sin descanso para lograr un hermoso libro.
¿Cuál es, a tu juicio, la principal carencia del sistema educativo chileno que la educación poética puede ayudar a subsanar?
La educación poética puede ayudar a “quebrar la raya demasiado geométrica de la pedagogía estática”, como decía Mistral. A esa pedagogía que bloquea y adoctrina, que estandariza y sobre diagnostica, que reduce y desmotiva, se le opone una pedagogía creativa y creadora, motivadora, alegre, que involucra cuerpo, vínculos emocionales y la palabra como materia y experiencia. Una pedagogía que releva la interacción y la educación entre pares. Que se centra en el proceso antes que en el producto y cuyo objetivo es lograr la autonomía creativa como motor de aprendizaje. Por otro lado, la educación poética aportará un enfoque que integra cada una de las habilidades de lenguaje, en un equilibrio entre oralidad, lectura y escritura. No es el libro el centro, es el hábito lecto-escritor lo que realmente interesa a la educación. Y este hábito se construye desde la oralidad (diálogo), pasando por la escritura (creación) y la lectura (información). He notado que, tras la experiencia de crear un cuento o un poema, a niños y niñas se les hace más atractiva la lectura de libros. Más aún si han tenido la oportunidad de leerse entre ellos, sus propios cuentos y poemas. Porque los niños son concretos y tienen que experimentar lo que la literatura es para interesarse en ella. Si juegan a ser escritores, también serán lectores.
Gabriela Mistral y Pablo Neruda atraviesan tanto tu obra como su propuesta. ¿Por qué los consideras una referencia imprescindible para pensar hoy la educación desde la poesía?
Pienso a Mistral y Neruda como parte de una cultura muy especial: la poesía chilena. Sin temor a equivocarme, creo que en Chile la poesía, además de un género literario que se cultiva profusamente, ha sido una verdadera escuela para el desarrollo de la intelectualidad. La poesía promueve el autodidactismo, el aprendizaje entre pares (por ejemplo, en grupos y revistas literarias) y el desarrollo del pensamiento a través de la creatividad literaria.
Niños y niñas del pueblo, a quienes históricamente se les ha negado una educación de calidad, se han educado a sí mismos por la poesía, a menudo de la mano de otros poetas que oficiaron de maestros. Hasta en los más alejados rincones de nuestro país, aun donde el Estado no llega con cultura y educación, existe un o una poeta levantando la bandera del lenguaje, abriendo puertas y ventanas para que niñas y niños miren y aprendan del mundo.
Uno de esos niños sin privilegios fue Neruda, una de esas niñas marginadas fue Mistral. Estudiar sus biografías, en especial la forma en que se iniciaron como poetas, nos muestra cuánto puede hacer la poesía por la educación, si tan solo valoráramos este verdadero círculo virtuoso del aprender que se encuentra en el corazón de la identidad chilena. Resiliencia y desarrollo de un pensamiento propio son, al menos, dos efectos positivos que la práctica de la poesía tuvo sobre estos dos niños chilenos que se construyeron a sí mismos desde la escritura.
Planteas la expresión como fundamento del aprendizaje. ¿Cómo se traduce eso en la práctica cotidiana de un aula?
Mientras el eje de la educación siga siendo el consumo de contenidos, no nos quedará otra opción más que asistir a su declive. Por una razón evidente; no hay modo de que el libro de texto y el profesor puedan competir con la liberación masiva de información en los medios de comunicación y el Internet. Como nunca antes en la historia humana el acceso al conocimiento se ha vuelto democrático, por transversal. Estamos a un click de informarnos de casi cualquier tema. Paradojalmente, esa abundancia de conocimiento no nos está volviendo más educados, sino todo lo contrario.
La escuela ya no puede ser el espacio donde recibir contenidos, sino un lugar donde niños y niñas aprendan, no solo a gestionar dicha información, sino también a hacer algo con ella. La escritura creativa y reflexiva son dos herramientas que se prestan para generar elaboración de contenido. Así, la necesidad de expresión –incontenible en un mundo saturado de estímulos e información, donde tanto se consume– se vuelve motor de aprendizaje. La expresión resuelve la pregunta sobre qué se hace con la información.
Un aula que gira en torno a despertar la necesidad de expresión junto con la aplicación de estrategias que la promuevan, será un aula en la que niños y niñas participarán con entusiasmo, aprenderán haciendo, pensarán jugando.
Mientras el eje de la educación siga siendo el consumo de contenidos, no nos quedará otra opción más que asistir a su declive. Por una razón evidente; no hay modo de que el libro de texto y el profesor puedan competir con la liberación masiva de información en los medios de comunicación e Internet. Como nunca antes en la historia humana, el acceso al conocimiento se ha vuelto democrático, por transversal. Estamos a un click de informarnos de casi cualquier tema. Paradojalmente, es abundancia de conocimiento no nos está volviendo más educado, sino todo lo contrario.
Alejandra del Río Lohan
En el libro hablas del “bloqueo cognitivo”. ¿Cómo puede la poesía ayudar a superar esas barreras en niños y jóvenes?
El bloqueo cognitivo es un fenómeno de tipo emocional que impide la creación y, por tanto, dificulta el aprendizaje. Se debe a motivos que son de diferente índole, pero que resultan en grados de vergüenza, miedo y culpa a la hora de crear. Desde el clásico “miedo a la página en blanco” del escritor, hasta un niño que rompe su trabajo para no mostrarlo, casi todos de alguna manera hemos sufrido la mente en blanco y el franco temor a expresarnos.
La orientación de la clase hacia la gran literatura, con sus juicios y prejuicios de lo que la literatura debiera ser (un espacio habitado por genios iluminados), las altas expectativas que no se sustentan en procesos guiados y la creencia de que “no se tiene imaginación” ni habilidad para crear, son aspectos que resultan altamente bloqueantes, son barreras que hay que romper si queremos que nuestros estudiantes sean felices aprendiendo.
Pero también aspectos administrativos de la educación chilena causan miedo y vergüenza. Por ejemplo, la evaluación Simce. Esta prueba produce gran ansiedad en las comunidades educativas, quizás porque se mide algo que no se ha aprendido ni enseñado. Usualmente el Simce se encara con entrenamiento.
Tampoco los profesores están exentos del flagelo del bloqueo; sufren miedo, vergüenza y hasta culpa de no cumplir con las expectativas. Porque el sistema exige parecer, pero da pocas oportunidades para ser. Entonces los profesores también tienen que desbloquearse y, en última instancia, aprender junto a sus estudiantes a escribir. Es urgente recuperar la imaginación, la elocuencia y el entusiasmo tanto de estudiantes como de profesores.
Tras 15 años de experiencia en terreno, ¿qué te han enseñado de manera inesperada los propios niños y niñas?
Me han enseñado todo. Que tanto un poeta nace como se hace. Que todos pueden aprender. Que un poema puede ser canto, grito o secreto, que en él confluyen sombra y esperanza. Que el ser humano nace artista integral, pero que con la edad pierde esta condición, la de aprender a transformar la realidad propia y colectiva. Niños y niñas se sienten a gusto con la educación creativa, porque es la forma natural en que los humanos aprendemos. Con gozo y alegría, mucho más que con adoctrinamiento y estandarización.
¿Qué diferencia a la educación poética de otros enfoques alternativos como Reggio Emilia o Waldorf?
La educación poética dialoga y se nutre de las pedagogías de la Reforma, claramente, pero se diferencia de ellas en que el acento está puesto en la transformación creadora de la palabra y en el cultivo de la conexión con la vida interna del individuo. En ese sentido, la educación poética puede adaptarse a otros métodos y enfoques pedagógicos , porque está al servicio, no pretende ser un modelo completo, que cubra todas las necesidades educativas de la actualidad. Pero convengamos en que el manejo efectivo del lenguaje es fundamental para aprender y allí está puesta nuestra intención.
¿Cómo dialoga la Educación Poética con la pedagogía de Paulo Freire y la tradición de la educación popular?
La Educación Poética puede ser vista como una rama más de la educación popular. Freire es un gran maestro al que le debemos mucho los y las educadoras. Freire dice que la lectura proporciona herramientas para leer el mundo exterior, el mundo del colectivo. Nosotros decimos que la escritura proporciona herramientas para leer el mundo interno, para vincular el proceso intelectual a la experiencia subjetiva. Es en diálogo consigo mismo que el pensamiento se desarrolla y puede llegar al otro. Ya basta de prejuiciar la subjetividad y señalarla como actividad de las clases privilegiadas. Todos y todas tienen derecho a descubrir y cultivar su mundo interior. Individuos satisfechos consigo mismos, empoderados y reflexivos aportarán crítica y activamente al colectivo.
Tu metodología “Mi vida cuenta” está dirigida a adultos. ¿De qué manera la escritura autobiográfica puede transformarse en herramienta de sanación o terapéutica?
La escritura terapéutica está al servicio de la sanación de individuos y grupos. No reemplaza a una terapia convencional, pero sí aporta significativamente al proceso. La escritura es testigo de la sanación. Una amiga que aguanta todo, siempre está disponible y nunca falla. Por la escritura se recuerda, se repite y se reelabora el contenido complejo de la psique para facilitar su comprensión e integración. Es la forma más accesible de contactar consigo mismo, de purgar el sufrimiento y de incubar nuevos caminos para que aflore el Yo sano. Lo sé por experiencia propia; la tradición ancestral y la ciencia también lo afirman. En especial el escribir a mano está siendo un remedio contra la desconexión neuronal provocada por la sobre exposición a las pantallas.
Diseñé este curso para ser usado en grupos de autoayuda por la escritura. En un mundo que enferma a las personas, es lógico que echemos mano de los recursos que tenemos para sanar. Mientras el sistema se demora en encontrar soluciones generales para mejorar la salud mental de los chilenos, nosotros podemos reunirnos y escribir en un grupo seguro y amoroso. No es la panacea, pero puede apoyar en la vida cotidiana.
También has trabajado con personas de la tercera edad en el programa Yo árbol. ¿Qué te reveló esa experiencia sobre memoria y escritura?
Estoy desarrollando ese programa todavía, para hacer afirmaciones concluyentes tengo que ensayar con varios grupos más y reunir evidencia. Pero hasta ahora, lo que más he notado trabajando con ellos, es que las personas de la 3ª edad descubren que escribir de sus recuerdos les permite analizar su camino. Llamo a este fenómeno “encontrar el hilo rojo”. Imagino que ellos están ovillando su hilo rojo para darle una forma que les haga sentido. Están buscando la coherencia en su biografía, el saber que existe un por qué de todo cuanto han vivido. El solo hecho de sentirse impulsados a ovillar mejora también su memoria, su mente. La neurociencia ha recomendado la escritura para generar mayores conexiones neuronales, pero a mí me interesa averiguar qué condiciones promueven tal conexión. Escribir ciertamente puede curar varios males, el problema es saber cómo lo hace.
Tu poesía explora la oralidad y la performance. ¿Qué lugar ocupan en tu pedagogía?
Mi pedagogía nace de mi experiencia como poeta. No me acerco a la poesía performática solo como expresión de mi ser o para cultivar una disciplina poética, me acerco a ella para experimentar y reflexionar sobre lo que ocurre cuando entramos en ese estado de anulación del tiempo, de pura presencia, de compartir desde el sonido, el movimiento, ese llamado a la acción de la performance y, desde luego, la oralidad.
Para mí es un juego, no voy a tener una carrera de performance, no me interesa. Quería saber en qué aportaría la performance en la enseñanza del lenguaje. Y descubrí que este tipo de recursos que incluyen cuerpo y voz, desarrollan el desplante de niños y niñas, y su entusiasmo. Es imposible enseñar el lenguaje sin voz o sin cuerpo, ellos sostienen la palabra que cuelga en el silencio y la empujan a interactuar. El que estos elementos no existan en el aula hace de la clase un espacio demasiado árido.
Has traducido a poetas alemanas como Ingeborg Bachmann o Hilde Domin. ¿De qué forma esa experiencia se filtra en tu escritura y en tu práctica pedagógica?
Al conocer, hablar y traducir la lengua de mi madre he podido comprender cuán privilegiados son aquellos niños y niñas que son socializados en dos idiomas. Hablo de eso en el libro, a propósito de un experimento que hice en Alemania con niños que hablaban el castellano o el alemán y niños bilingües, respondiendo las preguntas de Neruda. Cada lengua expresa una visión de mundo y adquirir dos lenguas enriquece nuestras perspectivas, aunque no siempre sea fácil vivir entre dos culturas.
Y no solo eso, cada lengua tiene formas diferentes de expresar; el alemán favorece la conceptualización, el castellano la descripción. Las respuestas de niños bilingües fueron más interesantes y profundas. Este tema no deja de ser crucial, en tanto la inmigración es una realidad global. Lo que parece problema, también podría tener múltiples beneficios.
Por mi experiencia, la presencia de numerosos acentos y dialectos solo ha beneficiado al aula chilena, desde el enseñar y aprender el lenguaje. Niños y niñas caribeños, peruanos, bolivianos, argentinos y haitianos regalan cada día un bien precioso: sus palabras, sus sonidos, sus experiencias. Y qué se puede decir de la educación intercultural, no solo es un derecho de los pueblos originarios, también sería un privilegio para todas las niñas y niños chilenos aprender el mapudungun .
Entre tus diez libros de poesía, desde El Yo Cactus hasta Detrás del acantilado, ¿qué hilos rojos reconoces como constantes en tu obra que busca el canto?
Yo te dije que me gusta la poesía que busca el canto, porque me fascina la voz y la presencia que se ve en poetas que practican el canto. Pero en cuanto a la constante de mi poesía, es posible que sea una búsqueda por experimentar con las palabras. Adapto mi estilo a la materia poética. Dicho de otro modo, el tema me impone las palabras y con eso yo juego. Me planteo un reto literario, por así decirlo, y lo sigo hasta agotarlo, entonces salen los libros. A veces mis proyectos duran años, décadas inclusive, como mi libro Dramatis Personae o Detrás del acantilado. Mi poesía requiere carne de tiempo, es decir, procesos vitales.
Raíz adentro fue reconocida como una de las mejores obras de 2024. ¿Qué significó para ti ese premio en un año tan especial?
Cuando me avisaron del premio volví a leerlo, lo leí como si fuera alguien del jurado. Y pensé: merece el premio. No, lejos de bromas, es un libro conmovedor de alguien que camina mirando el mundo y dejándose guiar por la poesía. Y se lo dediqué a mi papá, que asistió a su presentación aunque estaba ya avanzada la enfermedad que, unas semanas después, le causaría la muerte. Nunca olvidaré que hizo eso por mí y por este libro. También dedico este premio a la poeta Amanda Durán, quien hizo el contacto con Mago Editores para que lo pudiera publicar y escribió la contraportada más bella de mi vida.
¿Qué papel juega lo autobiográfico en tu poesía y cómo dialoga con tu propuesta pedagógica?
En el fondo toda poesía es autobiográfica, solo que el lenguaje figurado permite expresar sin desnudar o exponer a la persona del poeta. Por eso las figuras de comparación, en especial la metáfora, son esenciales en la educación poética. Nosotros no hacemos autobiografía con niños y niñas, menos con adolescentes, pues expone demasiado sus vivencias frente a los adultos, que no siempre están preparados para aceptar el relato de sus, muchas veces crudas, vivencias. En cambio en el cultivo de la metáfora y del binomio fantástico se proyectan las vivencias y se expresan, pero con una transformación estética. Esto es sacar belleza de donde quizás no la hay y recibir reconocimiento y admiración de pares y adultos.
Tu poesía oscila entre lo íntimo, lo político y lo espiritual. ¿Cómo equilibra esas dimensiones en tu escritura?
Creo que el equilibro viene de aceptar la dialéctica de los procesos vitales y fluir con ella para no volverse rígido. Lo íntimo es político, lo político es espiritual y lo espiritual es íntimo. Son dimensiones que solo para comprenderlas las separamos, pero en realidad son una sola.
¿Crees que en Chile existe un vínculo natural entre poesía y educación, dada nuestra tradición mistraliana, huidobriana y nerudiana?
Como dije, la tradición poética chilena, además de ser un fenómeno literario por el que somos respetados en el mundo entero, es también una escuela democrática que forma intelectuales y artistas. La poesía no solo nos ha heredado cumbres literarias, también procesos de escritura que impactan biografías. Por eso, planteo que debemos aprender de los y las poetas, no necesariamente para que toda niña o niño se vuelva poeta, sino para que a través del cultivo de la poesía, todo niño y niña aprenda a expresar y crear pensamiento propio. Por supuesto, se han diseñado estrategias, enfoques y actividades inspiradas en nuestros grandes. A ellos recurrimos siempre.
¿Qué dificultades has enfrentado al implementar la educación poética en escuelas regidas por la lógica de los resultados estandarizados?
Lo más difícil ha sido el miedo a quebrar dogmas y prácticas irracionales que impone el sistema de educación actual. Las escuelas viven un ritmo frenético, una suerte de túnel sin salida, por cumplir todas la exigencias administrativas y curriculares que se les impone. La subvención escolar financia al alumno y no los proyectos pedagógicos, por lo que, para que la escuela tenga más financiamiento, hacen pasar de curso a los estudiantes aun cuando arrastran severos niveles de analfabetismo. Al ser la subvención más alta para niños y niñas con necesidades especiales se produce una sobre diagnosticación para, justamente, captar dichos recursos. Lo he visto.
No juzgo a las escuelas que tienen que jugar con las leyes del sistema para sobrevivir. Juzgo a la brillante mente que se le ocurrió tal cosa y al sistema político que no ha sido capaz de reflexionar en sus consecuencias. En cuanto a la estandarización de contenidos, cómo va a ser racional que de Arica a Punta Arenas se enseñe con el mismo libro, esperando que aquello sea un aprendizaje significativo. Los profesores descansan en el libro de texto sin notar que eso les arrebata su función de pedagogos. La educación es un arte y no una fábrica de salchichas.
Por otro lado, cuando los y las profesoras conocen y aplican las estrategias y enfoques de la educación poética, reviven de su letargo, se vuelven empoderados y se comprometen con sus estudiantes y con ellos mismos. Para ello tienen que ser valientes, todo cambio en la educación depende de ellos. No en vano Gabriela Mistral dijo que el maestro es el espejo de su pueblo.
¿Cómo imaginas que este modelo pedagógico podría escalarse a nivel nacional o integrarse en la formación docente?
Tengo muchas ideas al respecto, ideas que son aplicables, que requieren un cambio de enfoque y de gestión política, más que de infinitos recursos. Por ejemplo, imagino que sería positivo emplear a los y las poetas como educadores/as en las cientos de bibliotecas que existen a lo largo de todo Chile y que estas se conviertan en espacios para desarrollar el lenguaje, no solo espacio público de acceso y gestión de la información. Las bibliotecas habitadas por creadores serán más requeridas para la lectura, que las que albergan abandonados libros que lloran por un lector. Las bibliotecas con sus clubes de poetas serán un complemento a la clase de Lenguaje, la estimulará y podrá apoyar a niños y niñas “rezagados”.
En cuanto a la formación docente, por mi experiencia, profesores y profesoras adoptan sin complicaciones las ideas de la educación poética. Como es una didáctica que se adapta a cualquier grupo y su contexto, les es sencillo apropiarse de lo que sirve para su propia clase. Aprender educación poética solo los beneficia.
Si tuvieras que recomendar a un profesor o profesora tres prácticas concretas de educación poética para aplicar mañana mismo en su sala, ¿cuáles serían?
- La bolsa de la vergüenza: una bolsa donde se echa la vergüenza y el miedo a crear antes de que empiece la clase. De esta forma se da un lugar a esta emociones incómodas que se encuentran en la base del bloqueo cognitivo. Es una dinámica sencilla que relaja, por las sonrisas que saca, lo que permite disolver en parte dicho bloqueo.
- El diario de vida o cuaderno de escritor: todos tienen un cuaderno, incluida la profesora. Y cada mañana, antes de que empiece la clase, se trabaja en él por 10 minutos con escritura libre y no evaluada. Es, además, un cuaderno privado, nadie puede violar esa privacidad, esto es fundamental. Aquellos que aún no dominan la escritura pueden prepararse para ella “haciendo como que escriben”.
Con esta actividad se da un lugar a la subjetividad individual dentro del contexto escolar. Se practica la escritura y la lectura. Por último, esta escritura libre y personal permite vaciar la mente y el corazón de lo que abruma. Y así prepararse para recibir nuevos conocimientos y experiencias. - El banco de palabras: es un juego de gramática textual. Es fundamental no abandonar la enseñanza de la gramática. Con este juego se aprende combinando palabras para crear un texto. Hablo bastante de esta didáctica en mi libro, la que tiene múltiples aplicaciones y además de ser sencilla, es divertida.
Finalmente, ¿qué sueñas que ocurra con la educación poética en Chile en los próximos 20 años?
Tengo la esperanza de que la educación poética tenga un lugar dentro de la educación pública, tal como lo tuvo la poesía en el pasado. Sueño con que no se pierda nuestra tradición, que se vuelva a enseñar la poesía chilena en las universidades, que volvamos a mirarnos en ese espejo que refleja parte de lo mejor que somos.
*Ernesto González Barnert (Temuco, Chile, 1978) es poeta, gestor cultural y cineasta documentalista. Autor de Venado tuerto, Playlist, Coto de caza, Trabajos de luz sobre el agua, entre otros, su obra ha sido reconocida con importantes distinciones, como el Premio Pablo Neruda (2018), otorgado a autores menores de 40 años cuya obra destaca, así como el Premio Nacional a Mejor Obra Literaria del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (2014), el Premio Nacional Eduardo Anguita (2009), el Premio de Honor Pablo Neruda de la Universidad de Valparaíso (2007) y el Premio de Poesía Infantil de las Bibliotecas de Providencia (2023). Ha recibido además menciones de honor en concursos internacionales y nacionales, incluyendo el Concurso Internacional de Poesía de Nueva York Poetry Press (2020) y los Juegos Literarios Gabriela Mistral de la Municipalidad de Santiago (2005).
Es Licenciado en Cine Documental por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Diplomado en Estética del Cine por la Escuela de Cine de Chile. Ha sido creador y productor ejecutivo de las series de televisión Obturaciones (2011) y Letras Migrantes (2024).
Actualmente, trabaja como gestor cultural en la Fundación Pablo Neruda, promoviendo la difusión de las Casas Museo del poeta y su obra, mientras mantiene una activa labor en torno a la poesía a través de medios de comunicación, entrevistas, talleres, encuentros y publicaciones. Sus libros han sido publicados en Chile, Estados Unidos, Perú y Argentina, y ha participado en festivales literarios a nivel nacional e internacional.