David Aránguiz, profesor de lenguaje, autor de Pez suelto (2025) e investigador del Poema de Chile nos ofrece un agudo análisis de la biografía de Elizabeth Horan sobre Mistral: “A contracorriente de las biografías y perfiles tradicionales de la poeta que se expusieron el siglo pasado, Horan hace a un lado la veta hagiográfica que explotaron los escritores nacionales y propone una lectura de Mistral política y moderna. En este sentido, sostiene su trabajo biográfico, fundamentalmente, como un relato histórico y, por tanto, moderno sobre una mujer que logró instalarse en la cumbre del campo cultural global en cuatro disciplinas distintas a pesar de provenir de un origen campesino y, podría agregarse, tercermundista. Elizabeth Horan plantea la pregunta sobre cómo una mujer de origen campesino, perdida entre los cerros del Valle de Elqui llevó a cabo semejante hazaña. Esta pregunta que arroja, sin embargo, más que dar luces sobre la vida de Mistral nos entrega información sobre su propio imaginario cultural que interviene en la lectura y figuración de Mistral. Se trata de un punto de vista, en primer lugar, asociado al éxito”

El trabajo investigativo de Elizabeth Horan es una labor de larga data, aproximadamente desde los años 80, basado en el análisis y la lectura de los epistolarios de Mistral, cruzando los datos recopilados con la información presente en diversos archivos de la escritora. Se trata de una investigación rigurosa que no teme desarmar mitos y leyendas en torno a la figura de una de las poetas más importante de Latinoamérica. Sin embargo, en su desarrollo se puede encontrar con facilidad un sesgo ideológico que permea el imaginario cultural que la biógrafa reconstruye a partir de la figura de Mistral.
Visto desde esta perspectiva, esta obra –incompleta todavía, como lo declara su autora– es un trabajo monumental que permite aproximarnos y profundizar en los primeros treinta años de la vida de Mistral con bastante precisión, abordando, por un lado, sus estrategias de identificación racial y de género, y, por otro lado, su estrategia de subsistencia y ascenso social.
La biografía de Horan indaga cómo Mistral hizo un uso más o menos coherente de su identificación racial, a diferencia de su identificación de género donde, en sus palabras, fue más camaleónica. De todos modos, sus perspectivas dejan ver que por sobre estos dos ejes identitarios, la escritora estadounidense construye el perfil de Mistral a partir de una hipótesis que determina su representación biográfica, esta es, el carácter ambicioso y calculador de Mistral como fundamento de su ascenso social.
Sesgo
Mistral. Una vida es la última biografía de Gabriela Mistral publicada por la editorial transnacional (2023) Penguin Random House. Su autora Elizabeth Horan, académica que se ha dedicado a investigar la biografía, el archivo y las correspondencias literarias, ha estudiado desde hace mucho tiempo la figura de Gabriela Mistral, a quien se caracteriza “ante todo como una persona de voluntad férrea, como alguien que supo moverse con astucia y firmeza en un mundo adverso para llegar a ser quien deseaba”.
A contracorriente de las biografías y perfiles tradicionales de la poeta que se expusieron el siglo pasado, Horan hace a un lado la veta hagiográfica que explotaron los escritores nacionales y propone una lectura de Mistral política y moderna. En este sentido, sostiene su trabajo biográfico, fundamentalmente, como un relato histórico y, por tanto, moderno sobre una mujer que logró instalarse en la cumbre del campo cultural global en cuatro disciplinas distintas a pesar de provenir de un origen campesino y, podría agregarse, tercermundista.
Elizabeth Horan plantea la pregunta sobre cómo una mujer de origen campesino, perdida entre los cerros del Valle de Elqui llevó a cabo semejante hazaña. Esta pregunta que arroja, sin embargo, más que dar luces sobre la vida de Mistral nos entrega información sobre su propio imaginario cultural que interviene en la lectura y figuración de Mistral. Se trata de un punto de vista, en primer lugar, asociado al éxito. Y, en otras palabras, su pregunta revela que la posición hegemónica que alcanza Mistral en distintas cúspides del campo cultural global, predominantemente racista, causa al menos extrañeza en el horizonte de expectativas de la investigadora.
Visto desde este imaginario, más allá del mérito, trayectoria y desempeño específico en las disciplinas, Horan se inclina por identificar a Mistral con el principal motor de la modernidad: su ambición individual. Obviamente uno no puede alcanzar ninguna cúspide mundial sólo con ambición, por eso resulta extraño que frente a cualquier acto o experiencia de la poeta, la biógrafa norteamericana se incline por encontrar y seleccionar huellas de su ambición y ganancia individual. Sin lugar a dudas, esto deja entrever que en el proceso compositivo del perfil hay una marcada perspectiva o sesgo investigativo. Sin embargo, ¿cómo se llegó a eso?
El imaginario cultural que la biógrafa norteamericana reconstruye a partir de la “vida moderna” de Mistral se encuentra delimitado por el itinerario de búsquedas de patronazgos/mecenazgos que la poeta fue desarrollando durante sus traslados. La biógrafa norteamericana sostiene que esta estrategia de subsistencia que realizó Mistral, de cierto modo, es parte de la herencia cultural que recibe de su madre, quien por medio de cartas logra agenciarle puestos de empleo durante su adolescencia para subsistir como familia. Con el paso del tiempo, el hábito de Mistral de tejer redes por medio de la escritura de cartas continuó desarrollándose.
Curiosamente, lo más probable es que el extenso epistolario de Mistral fuera el punto de entrada de la lectura de Horan. En efecto, las cartas escritas y recibidas son los documentos por medio de los cuales la biógrafa no solo reconstruye la vida de Mistral, sino que también ilumina y entiende sus hitos biográficos, y no al revés. Me explico, Horan realiza una reconstrucción inversa: de los comentarios privados sobre eventos, sucesos o peticiones que nunca tuvieron la intención de ser publicados, se formula y reconstruye una figura de Mistral: “Al compilar y secuenciar las cartas que envió a múltiples destinatarios, surge con claridad el contorno de su plan, intrincado y estratégico. Su asombrosa ambición y su determinación quedan patentes en la sumatoria de las cartas: no en uno o dos epistolarios, sino al agregarlos todos” (12).
Sin embargo, las interpretaciones y la exposición de estos contenidos no siempre cuentan con una mediación clara ni permiten ver el complejo entramado político y cultural que sostiene a sus sujetos de enunciación. El resultado, por tanto, es una visión parcial sobre un fenómeno social complejo que no se desarrolla en profundidad y que se vincula, en primera instancia, con la subsistencia económica de la poeta del Elqui.
Formas y nodos discursivos sobre el perfil de Mistral
Horan planifica cumplir los siguientes objetivos:
“Si la primera orden del día es desechar la imagen sentimental de la poeta como madre que eternamente está pariendo al sujeto nacional, y la segunda es reconocer y evaluar los vínculos intelectuales y afectivos de Mistral con otros escritores y políticos (…), lo que toca después es identificar los principales movimientos sociales, en América Latina y el resto del mundo, a los que ella respondió y contribuyó” (24).
Para lograr lo anterior, en el nivel superficial del texto, en su forma –digamos–, lleva a cabo la siguiente estrategia de construcción discursiva: “Cada capítulo trata de un lugar específico donde vivió la poeta, citando lo que escribió, ya sea cuando vivió allí o lo que luego recordó sobre ese lugar. He dependido del trabajo de historiadores para evocar la textura de su vida diaria” (25).

El resultado, por lo tanto, es un relato investigativo cargado de incisos, frases complementarias y acotaciones sobre eventos que la investigadora reformula desde diversas fuentes logrando construir no tanto un relato, sino más bien un metarrelato. Precisamente, en el primer capítulo la autora comparte que, al explorar sobre determinado período de vida de Mistral, su tarea discursiva es un análisis sobre estos sucesos. Al elegir esta palabra da cuenta de una perspectiva racional sobre lo que trabaja, es decir, presenta una postura investigativa tradicional que perfectamente puede reducir la vida y la experiencia de la poeta a “objeto investigativo”.
En este sentido, la autora trabaja también para confirmar su hipótesis. Por esto, en relación con el material que esculpe, la narradora, investigadora y autora, cuyas coordenadas de sentido son idénticas, ejerce un control casi total sobre lo que se muestra y lo que se oculta. De este modo, construye una versión propia de Mistral que se autoriza desde el uso del archivo y en la que la poeta se enuncia como alguien, por un lado, con un profundo nivel de cálculo y ambición, y, por otro, aunque alineado con el objetivo anterior, como una persona que construyó un propio mito sobre sí misma.
Una sobreinterpretación / una muestra
“La política detrás de esos empeños no fue originalmente caritativa. Sus desplazamientos tampoco aparecieron de la nada. Durante sus años en Chile, Mistral tenía ya el hábito muy consolidado de aparecer justo antes o después de que los grandes conflictos irrumpieran, ya fueran las disputas laborales en Punta Arenas y Puerto Natales o las elecciones tan volátiles de 1920 (…) Su gira de conferencias por las Antillas y Centroamérica en 1931 fue calculada para generar publicidad para ella y Palma Guillen. La utilizaban exitosamente como parte de la campaña para granjearse puestos consulares para ambas” (32).
La escritura biográfica de Horan prescinde muchas veces de su intención narrativa, desestimando una construcción ficcional tradicional del sujeto biográfico. Al contrario, realiza, principalmente, una construcción que le da voz a Mistral con un estilo indirecto que se intercala con frases extraídas de epistolarios y documentos de época, inventándose así una fundamentación que pretende no trasgredir la representación que delimita.
Visto desde esta perspectiva, en el primer capítulo, Horan sostiene que Mistral trabajó e insistió en su estatus de perseguida. Quizás este sea el motivo oculto de su tendencia a aparecer en lugares socialmente críticos o convulsionados, pareciera decirnos. Sin embargo, lejos de leerlo desde un punto de vista psicológico como Alone, Horan opta por centrarse en cómo muchas de las relaciones en apariencia desinteresadas de Mistral ocultan en realidad relaciones transaccionales o de patronazgo.
En cuanto a la cita expuesta un par de párrafos más arriba, la frase que la encabeza resulta problemática debido a que atribuye una intencionalidad a la participación de Mistral en diversos eventos políticos. Sin embargo, también es inaceptable por otros motivos. En primer lugar, encierra e iguala, generaliza digamos, eventos de diversa naturaleza; en segundo lugar, atribuye una intencionalidad originaria adoptando una posición de narrador omnisciente; y, en tercer lugar, debido a que es imposible invisibilizar la dimensión política que tienen los actos de solidaridad con personas que se encuentran en una posición social vulnerable o de desventaja. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil Española, resulta una bajeza interpretar cálculos de beneficio políticos a partir de la adscripción a una alianza que solidarizó con los refugiados de guerra.
Por lo anterior, existe un problema más allá de la caracterización del origen de estos actos como “no-caritativos”, pues, en el fondo, en el perfil de Horan queda evidenciado un sesgo de confirmación en cuanto destaca solo uno de los resultados, esto es: “el beneficio personal”, excluyendo los costos y las motivaciones que llevaron a tales actos en un contexto global de intolerancia, racismo y lucha contra el fascismo durante el período entre guerras de Europa.
El mito de la echada
Un respaldo apropiado sobre el perfil calculador y ambicioso que desarrolla Horan sobre la poeta del Elqui es el examen del relato que Mistral produce sobre sí misma. Específicamente, sobre cómo desarrolla en entrevistas, discursos y sus cartas, un “mito y sentencia de la echada”. El veredicto de la biógrafa es que la autoficción de Mistral se encuentra atravesada por una exageración estratégica tanto de enemigos como de sus ayudantes. Según ella, su relato se sitúa en un plano mítico pues prácticamente carece de referencias cronológicas claras y se convierte con el paso del tiempo en algo así como un leitmotiv de su propia historia. Además, sostiene que el contenido es de carácter dudoso y, por lo mismo, serviría también para encubrir sus relaciones transaccionales de patronazgo.
Para confirmar esta interpretación, la investigadora se apoya en el carácter performático de las narraciones haciendo eco de las correspondencias que Mistral mantuvo con Victoria Ocampo. En la visión de Ocampo, efectivamente, se puede leer que Mistral al igual que otros poetas es comprendida como una performer.
En este marco escénico, con una Mistral más o menos perfilada con determinados nodos de sentido: moderna-ambiciosa-calculadora-exitosa. Horan focaliza su atención en sus ayudantes, en especial, en la figura de la secretaria personal de la poeta, como literalmente guardianas de secretos, estableciendo una lectura cronológica a partir de la presencia y ayuda de Laura Rodig – Palma Guillen – Doris Dana.
“Guillén sabía más que nadie de los secretos de Mistral. Se los llevó consigo a la tumba. La mexicana la adiestró, entre otras cosas, para su cara a cara con la Secretaría de Relaciones Exteriores de México y de otros países. Actuando como su secretaria, editora, mecanógrafa y archivera, compañera de viaje, representante y hasta banquera, Palma Guillén era además quien contrataba, despedía y les pagaba a los sirvientes descontentos” (37).
En efecto, Horan logra, por un lado, demostrar la inestabilidad de estos relatos y, por otro, mencionar la función de encubrimiento que cumplen.

El eje de la raza, una muestra
El eje racial en el análisis biográfico que realiza Horan es uno de los elementos declarados de mayor peso para la lectura que realiza sobre la poeta. En este sentido, Horan reconstruye el linaje de Mistral, demostrando el origen mestizo de Mistral y centrándose en su propio reconocimiento tanto en el ámbito público como privado.
“En los albores del siglo XX, precisamente, 1913, Mistral manifiesta su anhelo de vivir y trabajar entre los pueblos indígenas del país, pero hace muy pocas declaraciones públicas de una identificación mestiza antes de 1929. Este giro que se producirá en su discurso público sugiere un orgullo emergente por tener una identidad mestiza y refleja una combinación de circunstancias personales y políticas. En cuanto a lo privado, tras la muerte de su madre en 1929, la poeta comenzó a hablar más libremente de su progenitor” (44).
El origen mestizo de Mistral no es tan distinto a la herencia cultural y genética del país chileno, es decir, se nutre de africanos, indígenas y españoles. Sin embargo, su propio reconocimiento en la esfera pública es juzgado por Horan como calculado y aprovechamiento político. En especial, para “granjearse” puestos diplomáticos desde 1931: “Propongo ver las declaraciones de la poeta sobre la identidad racial o el elogio de las personas importantes como producto del lugar y momento determinados en que las realiza” (44).
En este sentido, la biógrafa norteamericana si bien lo menciona en un comienzo, posteriormente ignora deliberadamente el contexto de discriminación racial global junto a los discursos y actos de segregación que se desarrollan durante la primera mitad del siglo XX. Frente a tal panorama, es innegable y resulta valioso el hallazgo que realiza Horan sobre la propia autodeterminación racial de Mistral, pero es injusto, atribuir un cálculo político al valeroso salto de reconocimiento racial que realiza Mistral sobre su identidad en un contexto global adverso.

En cuanto a las proyecciones de este artículo, queda pendiente el análisis del discurso sobre género que realiza Horan, especialmente, en relación al carácter camaleónico de la poeta del Elqui. Asimismo, es necesario profundizar el análisis sobre la disposición y la motivación en cuanto a la selección de poemas, citas y extractos de la obra de Mistral, que, sin lugar a duda, se encuentran determinados por una hipótesis investigativa que busca ser demostrada. En último lugar, sería enriquecedor indagar en la vigencia de ciertas diferencias culturales entre la América latina y la América inglesa que, por ejemplo, llevaron a la misma Mistral a distanciarse idiomáticamente de la cultura estadounidense, a pesar de vivir sus últimos 11 años de vida allí.